Richard Branson es un
“buena vida”. El tipo es el creador y gran jefe de todos esos negocios que se
llaman Virgin (Tiendas de discos, aerolíneas y demás) y si algo se puede decir
de él es que es un “buena vida”. Y eso se nota en todo lo que dice y hace. En
su libro “Like a Virgin” (“Como una virgen”, haciendo quizá un juego de
palabras que involucra a la canción de Madonna) se dedica a responder a las
preguntas que más frecuentemente le han hecho, y en esas respuestas, se nota
claramente su vocación sibarita y facilista. Y ese es su secreto. Podríamos
empezar diciendo que el hombre nunca estudió en ninguna universidad. Se ahorró
ese esfuerzo y se fue directo a hacer negocios. Lo que muchos muchachos
quisieran hacer si sus padres no les obligaran a estudiar algo para ser
alguien. El primero de los cinco consejos
que Branson menciona al responder una
pregunta muy frecuente que recibe, (De hecho, la primera pregunta que responde
en el libro), “¿Cómo hace usted para crear negocios exitosos?” es: Si no le
gusta, no lo haga. Un consejo que todo buena vida debe seguir. Por supuesto,
también habla de la obligación de innovar, es su segundo consejo. El tercero es
la necesidad de que la gente se sienta feliz y comprometida con su trabajo. Un
buen conversador como Branson aconseja también escuchar mucho, conseguir algún
nivel mínimo de consenso con la gente y, sobre todo, alabar las cualidades de
las personas. El último consejo, tiene que ver con ser visible. Menciona que
aunque trabaja en su casa (Nunca ha querido trabajar en una oficina, eso no
sería digno de un buena vida), siempre está por ahí, hablando con la gente,
recolectando ideas, dejándose ver. Es claro que para un tipo como Branson, el
“dejarse ver” no solo tiene que ver con la apertura y cercanía que todo buen
jefe debería tener con su equipo, sino también con algo de ego de súper-estrella,
que disfruta siendo entrevistado, reconocido y felicitado.
De todas las cosas
que podemos aprenderle a Branson, me gusta pensar que la visión de la vida como
un gran lienzo donde un artista crea cosas divertidas y nuevas, es quizá la más
importante. Esa actitud de creativo libre para ir a donde quiera y hacer lo que
quiera es lo que finalmente resulta en su falta de razonamiento crítico, que le
hace creer posible lo que los ejecutivos más experimentados y formales, creen
imposible.
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