Si nos gusta mucho hacer algo, lo hacemos muy bien hecho
He encontrado que mucha gente está de acuerdo con mi teoría (Mi mamá, por ejemplo). Pero he descubierto un estudio que dice lo contrario. O bueno, al menos que matiza esa afirmación.
Quizá alguno de ustedes tiene como hobby mantener una huerta, o sorprender a su familia con platos inesperados, o construir objetos de madera. Estos pasatiempos en los que se "construye" algo que, en algún momento, debe ser útil. Se espera que esta utilidad se pueda medir en la cantidad de libros que puede sostener su repisa casera, lo sabroso de las lechugas cosechadas o la luminosidad de la lámpara artesanal.
Lo especial de estas actividades es que logran dos objetivos al mismo tiempo: solucionar un problema y, de paso, relajarnos, "desestresarnos", divertirnos.
Ahora, ¿Qué pasa con el resultado final? Pues una flamante repisa nueva, puesta en la sala de la casa.
Cuando vengan invitados a su casa, usted no dejará de hacerles notar su creación. Ellos la mirarán y (para sus adentros, casi siempre) le harán una evaluación. Su evaluación tomará en cuenta dos tipos de valor que su repisa tiene:

